LA IGLESIA CATÓLICA, SIGNO DE CONTRADICCIÓN

(Por Isaac Riera M.S.C.)

Si consideramos la historia de la Iglesia Católica y los juicios que sobre ella hace la opinión mundana, tenemos que resignarnos a admitir, mal que nos pese, que es la institución del  mundo que mas prejuicios y tópicos acapara. Ninguna otra religión suscita, ni de lejos, tantas pasiones y tantas críticas, sobre todo por parte de la intelectualidad progresista y los medios de comunicación social. Y como ocurre con las obsesiones patológicas, esta animadversión es constante y empecinada, sacando motivos de crítica donde no los hay. Como lo fue Cristo, la Iglesia es “signo de contradicción” (Lc,2,34), ante la cual los hombres se dividen en seguidores fervorosos y enemigos acérrimos, y “piedra de tropiezo y roca de escándalo” (1Pet, 2, 8), pues todas las fuerzas que se le oponen chocan siempre con la integridad de sus principios e instituciones. Y no hay que esperar un cambio de signo: por mas esfuerzos que haga, la Iglesia siempre será odiada por los poderes del mundo.

La animadversión a la Iglesia comienza desde el mismo inicio de su fundación en tiempos de los Apóstoles. – todos fueron martirizados-, y se hace especialmente cruenta en el imperio romano. Pero es el advenimiento de la Edad Moderna en el siglo XVIII, con los filósofos de la Ilustración, donde se fraguan los grandes lemas anticatólicos que continúan vivos y vigentes hasta hoy. Desde entonces los principios de racionalidad libertad y progreso, propios de la modernidad, tienen a la Iglesia Católica en el punto de mira de sus ataques, como si fuera el principal obstáculo a las ideas humanistas modernas. Tan hondamente ha calado este prejuicio en nuestra sociedad y tan difícil es su desarraigo, que para infinidad de personas decir católico es sinónimo de oscurantista, retrógrado y enemigo de la modernidad, sin tomarse la molestia de comprobar si tales calificativos responden a la realidad o son inveterados prejuicios de una descomunal injusticia.

Las acusaciones contra la Ifglesia por parte de los voceros de la modernidad  no son argumentos de la razón, si no tópicos, con una ignorancia empecinada de la realidad. Solo tienen ojos para ver lo negativo, pasando por alto los inmensos bienes morales y culturales que la Iglesia a aportado al mundo y que es algo evidente en una visión objetiva de las cosas. Pero este es el punto central del tema: se juzga a la Iglesia Católica con la pasión partidista, no con la neutralidad de la razón. Nos viene a la mente las palabras que dijo el Señor a sus discípulos en el momento de su despedida: “Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo si no que yo os escogí del mundo, por eso el mundo os odia”. (Jn, 15,19). No hay que acudir a la razón, si no a la teología para explicar la animadversión que muchos tienen contra la Iglesia Católica. El tema está claro: el mundo odia a la Iglesia or que sus principios y valores son opuestos a los suyos.

¿DOGMATISMO INTRANSIGENTE O FIDELIDAD A LA VERDAD?

Entre todas las instituciones históricas, la Iglesia Católica es la única que desde su fundación, hace mas de dos mil años, mantiene los mismos principios doctrinales, que permanecen incólumes a través de los siglos. Son los dogmas, o declaraciones doctrinales por parte de la Iglesia a través de los Concilios Ecuménicos o del magisterio solemne de los Papas y que constituye materia de fe, por que son verdades de la Revelación Divina. La Iglesia, por tanto, no fabrica los dogmas por su cuenta, si no que es depositaria de la doctrina revelada por Dios, que ella debe confesar y defender. Y esta unidad inquebrantable en la fe es la que distingue a la Iglesia Católica de todas las demás religiones y confesiones cristianas, sobre todo a partir de la Reforma Protestante. En contraste con la unidad doctrinal y de disciplina del Catolicismo y cuya columna vertebral es el Papa, el Protestantismo dio lugar a numerosas sectas en las que tienen cabida todo suerte de ideas y de comportamientos.

Los voceros de la modernidad, sin embargo, rechazan lo que ellos llaman “inmovilismo” y “conservadurismo” de la Iglesia, acusándola de ser enemiga de las ideas progresistas que hacen a la humanidad madura y mas libre. La libertad de pensamiento, que es un principio fundamental de las democracias liberales, se quiere extender también a las confesiones religiosas, olvidando que tal principio sería  la disolución de cualquier fe. En realidad, la filosofía de fondo d la modernidad es algo todavía más grave: no se acepta que existan verdades absolutas que deban ser aceptadas por todos. Por eso, cuando se defiende una doctrina como verdad inmutable, tal como ocurre en la Iglesia Católica, se dispara la manida acusación de “dogmatismo”, con el significado negativo que esa palabra encierra. En la sociedad actual vivimos bajo la “dictadura del relativismo” (Benedicto XVI), que no permite ni creer, ni predicar, ni defender ninguna idea firma, salvo el principio, – convertido en dogma-  de que todo es relativo.

En un mundo donde impera el subjetivismo y el relativismo destructores de los valores morales, la defensa que la Iglesia Católica hace de la verdad la hace insustituible y admirable, por que ningún bien auténtico es posible, si no en ella. Y a pesar de las enormes presiones que recibe desde todos los lados, defiende la verdad en el ámbito de la fe, por una parte y en el ámbito de las ética natural por otra. En el ámbito de la fe, la Iglesia tiene la misión sagrada de transmitir íntegramente el depósito de las verdades reveladas por Dios, y la cumple fielmente frente a las incontables desviaciones doctrinales que muchas veces surgen en su seno; y en el ámbito de la ética natural, la Iglesia se constituye en su defensora frente a una sociedad decadente que ha hecho del interés y del egoísmo las motivaciones fundamentales de la vida.  Y esta posición de la Iglesia Católica asería absolutamente imposible si no fuera por el Espíritu Santo que habita en ella, porque es el gran milagro de la historia.

¿ENEMIGA DE LA LIBERTAD O HUMANISMO VERDADERO?

El tema del hombre –su dignidad, su libertad, sus derechos- está en el centro de la confrontación de la Iglesia y del mundo moderno. Se trata por tanto de cómo se entiende el humanismo.  Ninguna ideología humanista, sin embargo, puede compararse con la que presenta la Iglesia. Se suele decir que la visión que Occidente tiene del hombre proviene en sus orígenes de la filosofía griega y de la religión judeo-cristiana; ello es verdad, pero con una precisión muy importante; es el Cristianismo quien mas ensalza la dignidad del hombre, puesto que le confiere un alma inmortal., creada a semejanza de Dios y llamado a participar de la vida divina. Nadie por tanto puede dar lecciones a la Iglesia sobre humanismo, y si Occidente se diferencia de otras culturas or su defensa de los derechos del hombre, ello es debido a la tradición cristiana, no a otra causa. Tiene razón Chesterton: “ Las ideas humanistas dele la modernidad son ideas cristianas, pero que se han vuelto locas”

Hay en efecto una especie de distorsión y locura en la manera que el modernismo entiende el humanismo confrontándolo con el de la Iglesia, tanto en las ideologías comunistas, como enlas ideologías liberales. El comunismo somete totalmente a la persona humana a la colectividad, y con el pretexto de una sociedad igualitaria, cercernas todos los derechos del ser humano y le convierte en un mero número del sujeto colectivo.; y en el  lado opuesto, en el liberalismo democrático, los derechos del individuo en su libertad de pensamiento y de comportamiento se hipertrofian de tal manera, que el egoísmo se ha convertido en derecho que da via libre a toda clase de inmoralidades. La historia ha cambiado, pero siguen los mismos prejuicios. Si con el comunismo de antaño la Iglesia tenía que defender a la persona humana por ser víctima de lo colectivo, en el liberalismo democrático de los tiempos actuales tiene que defender la ética natural frente a las exigencias limitadas del individualismo.

Entre muchos otros temas de confrontación de la sociedad actual con la Iglesia Católica, hay que señalar algunos especialmente importantes, como son la familia, el aborto o la eutanasia. Teniendo como inductores a los medios de comunicación, la opinión mayoritaria  de nuestra sociedad es considerar estos  temas no regulados por la ética natural, si no por el número de partidarios que tenga, siguiendo el criterio democrático. Pero debemos hacernos algunas preguntas sumamente importantes: ¿es un valor humano destruir la familia, con todas las consecuencias que ello conlleva, o es necesario defenderla para el bien del hombre y de la sociedad?; ¿es un bien para la persona destruir la vida humana- sea al inicio, sea al final de su trayectoria- o es una atrocidad que somete los principios éticos a la conveniencia interesada?. Los principios de la propia razón ética son simplemente lo que defiende la Iglesia Católica, a la que se le acusa de ser  enemiga de lo humano.

¿INSTITUCIÓN RETRÓGRADA O COLUMNA DE NUESTRA CIVILIZACIÓN?

Cuando se habla de nuestra civilización y de su historia, resulta ineludible hablar también de la Iglesia, puesto que ha sido y continúa siendo una institución fundamental en el origen y desarrollo de lo que llamamos “civilización occidental”. La Iglesia, y solo ella, fue la que resucitó de sus cenizas la cultura y civilización greco-romana después de la invasión de los bárbaros; la desaparición del Estado en la larga época medieval fue remediada por la labor de los monasterios, principalmente, que se convirtieron en focos de cultura y de organización social. En los diez siglos que duró la Edad Media, toda la actividad cultural, social e incluso política de Europa, gravitó sobre la Iglesia. Europa no sería lo que es si la Iglesia no hubiera tenido el protagonismo que tuvo. Se comete una gran injusticia por tanto, cuando se la representa como una institución retrógrada, ya que la historia de Europa,  con muchos siglos de de desarrollo y progreso, resulta ininteligible sin la civilización y cultura cristianas.

Los voceros progresistas y anticlericales, sin embargo, pasan por alto los grandes bienes que la Iglesia ha hecho y continua haciendo por nuestra civilización y se fija solamente en algunos hechos negativos. La Inquisición, el caso Galileo o las guerras de religión, por ejemplo, se han convertido en los grandes tópicos del anticlericalismo moderno, que se utilizan injustamente como argumentos históricos para el desprestigio de la Iglesia. Ni siquiera se toman la molestia de estudiar estos hechos, ya que Galileo no fue condenado a la hoguera por sus teorías -y murió tranquilamente en la cama y en libertad-, ni la Inquisición fue tan cruel como la pintan, ni las guerras de religión tuvieron el significado negativo que hoy les damos. Cometen los anticlericales. Cometen los anticlericales el mayor pecado que puede cometer un historiador; la falta de perspectiva del tiempo al juzgar los hechos. Es necedad manifiesta juzgar el remoto pasado con los criterios actuales, pues la historia es progreso, y lo que hoy consideramos un mal, antaño era considerado como bien y viceversa.

Si hubiera objetividad en la visión de la historia, los anticlericales tendrían que reconocer el gran papel que la Iglesia tuvo en la conservación y defensa de nuestra civilización, de la que nos sentimos  tan orgullosos. Por que la Iglesia salvó a la Civilización Occidental en cuatro ocasiones en las que estuvo a punto de perecer. La primera tuvo lugar en la cristianización de los bárbaros que habían invadido el Imperio Romano, continuando en ellos la cultura y civilización romanas (s.V); la segunda fue la contención del Islam, después de la invasión de España, en la batalla de Poitiers, que impidió su expansión por Europa (s. VII); la tercera la guerra de las Cruzadas, que contuvieron la invasión del Islam por el Mediterráneo (s.XII); y la cuarta, las guerras contra el Imperio turco, que estuvo a punto de conquistar toda Europa (ss.XVI y XVII). A los anticlericales , ignorantes de la historia, habría que decirles: Si no hubiera sido por la Iglesia, en nuestros pueblos y ciudades hoy habría minaretes de mezquitas en lugar de torres de iglesias y las mujeres europeas llevarían todas velo  en lugar de falda corta.

Artikulua euskaraz irakurri nahi baduzu, hemen klikatu.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: